4 abril 2025

Boca se impone con carácter, elimina a River y avanza a semifinales

Boca Juniors logró una remontada épica ante River Plate en un nuevo Superclásico que quedará en la historia. El equipo de Diego Martínez se impuso con autoridad y determinación, mostrando una versión intensa, física y audaz. Con una mezcla de presión constante y ataques verticales, el Xeneize dejó atrás a su eterno rival y se metió entre los cuatro mejores de la Copa de la Liga.

La victoria fue construida desde la inteligencia y la agresividad. Boca golpeó en los momentos justos y sacó provecho de las debilidades defensivas de River. El doblete de Miguel Merentiel y el gol de cabeza de Edinson Cavani sellaron el 3-2 definitivo, pero el triunfo fue mucho más que una cuestión de goles: fue una declaración de principios, un equipo que supo leer el partido y adaptarse mejor a las circunstancias.

Desde el inicio, Boca decidió renunciar a la posesión del balón, algo poco habitual. Su promedio de control bajó del 62% a apenas un 40%, pero no lo sintió. Por el contrario, supo sacar ventaja de la estrategia pasiva de River, que eligió replegarse y buscar el contraataque. Una apuesta arriesgada de Martín Demichelis que terminó costándole caro.

El primer golpe de River llegó con un golazo de Borja, aprovechando un error defensivo. Sin embargo, Boca no se desmoronó. Se mantuvo firme, identificó los puntos flojos del rival —especialmente por el sector derecho de su defensa— y comenzó a inquietar. Un centro venenoso de Advíncula provocó un rebote en Enzo Díaz que casi termina en gol en contra, y fue una señal de que algo estaba por cambiar.

Minutos más tarde, el propio Advíncula se animó a romper líneas, desbordó y lanzó un centro potente que Merentiel empujó para empatar el encuentro. Un gol psicológico antes del descanso, clave para el ánimo del equipo.

Ya en el segundo tiempo, otro momento determinante llegó con una intervención salvadora de Sergio “Chiquito” Romero. Un manotazo en el aire evitó lo que parecía un gol seguro de River. La jugada generó confusión: para algunos la pelota había entrado, para otros no. Pero lo cierto es que el tanto fue anulado, y la hinchada de Boca lo celebró como un gol propio.

Ese 1-1 parcial era apenas un punto de partida. El desarrollo del juego mostraba que Boca estaba mejor plantado. Las asociaciones entre Cavani y Zenón, y la movilidad de Merentiel, empezaban a marcar la diferencia. Y así llegó el segundo gol: aprovechando un error de salida de Herrera, Boca atacó con velocidad y superioridad numérica. Tras una gran atajada de Armani ante Cavani, Merentiel estuvo atento para empujar el rebote y poner el 2-1.

River no logró reaccionar. Demichelis no advirtió que el partido se le escapaba. No ajustó el planteo táctico ni corrigió el sector derecho de su defensa, que Boca explotó una y otra vez. A pesar de los cambios —Lanzini por Nacho Fernández y Barco por Echeverri—, River no encontró respuestas. El equipo perdió intensidad, y la presión en el medio campo, liderada por Aliendro y Villagra, comenzó a diluirse.

El tercer gol de Boca llegó como un castigo inevitable. Otra vez recuperación en campo rival, transición rápida y definición de Merentiel para firmar su doblete y sentenciar el clásico. Un tanto que replicó, casi con ironía, la fórmula del primer gol de River.

Boca fue más inteligente, más agresivo y más eficiente. Supo interpretar el juego y aprovechar cada oportunidad. Martínez logró adaptar su estilo a la identidad histórica del club: lucha, carácter y hambre de victoria. Así, el Xeneize eliminó a su eterno rival y se instaló en las semifinales con el ánimo por las nubes y el sueño intacto.